domingo, 16 de febrero de 2014

EDUCAR LA LIBERTAD


Educar desde el cariño, desde el respeto, la comprensión… Favorecer los ciclos de la infancia sin forzarlos, sin adelantarnos. Vivir todas las etapas de la niñez dejando seguir su cauce y dejar desarrollar las capacidades al ritmo natural. Estos infantes son más activos, sonríen la mayor parte del tiempo, muestran afecto, mimo, movimiento, son solidarios, les resulta fácil cooperar y no manifiestan actitudes sádicas, competitivas o vejatorias hacia el resto de los iguales.
El tener unos educadores estrictos, que causen el miedo a la libertad, incapacidad de amar, búsqueda deteriorada de la libertad… Puede ser la causa de limitar y distorsionar el proceso de la maduración. Factores que se han señalado en muchos líderes, incluyendo a Hitler que se acercó al poder y a la defenestración de Europa como analiza el neuropsiquiatra austriaco Wilhem Reich en su libro Psicología de masas del fascismo.
Sigue esta educación… Es sabido por muchos que trabajan en el ámbito de la educación que todavía hay familias que se rigen por estos hábitos con falta de calor humano.
Es fácil distinguir una persona bondadosa de una mezquina. De una persona que genera libertad y de otra que la quita.
Por eso la única libertad que se ha de mesurar es la de estas personas, no otras… De las personas que con métodos estrictos nos intentan encauzar a su lado. Que en cuanto notáramos la presencia de esos futuros dictadores por los devastadores medios de comunicación como políticos o periodistas, saber que con nuestra confianza podrían envalentonarse a hacer otras realidades malvadas, nuestra replica habría de ser la retención de su poder, porque este incluiría nuestra libertad. Esa libertad que llegarían a distorsionar para quitárnosla.

Hoy en día, el bufón representa al poder y el que lo ve ríe por “el loco ridículo” que lo representa. Pero el bufón que representa con exceso de público y este no ríe, es peligroso.           

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