jueves, 18 de junio de 2015

Contando historias por las calles


Las personas se adhieren a telas transparentes para protegerse del frío. Tú tienes esa tela, él la tiene.  Son telas más o menos franqueables en que otros seres traspasan en mayor o menor medida.
Telas invisibles llenas de sentimientos, emociones, alguna risa o gruñido. Si no estás alerta alguien traspasa tú frontera o sin embargo eres tú el que decide acariciar la mano de otra persona !Pero cuidado! no sabes si ese fruto es prohibido o está ansioso por qué delegues tu tacto.
El tacto que te permite hablar con un policía, un niño o una señora. El tacto que ayuda a un público a evadirse. Que emite tus historias a su cerebro y actúa de juez contigo. Será tu público si no ofendes a su guardián  interior o si le ofreces un jugoso fruto para dedicarle atención o sin embargo si no cambias su emisora tan solo para incordiar.




La calle de la alegría regala juego a sus artistas. A sus francotiradores de sonrisas, también de sorpresas. Enlazando historias fantasiosas a merced de un público exigente y a la vez frágil.
Un público dispuesto a una caricia para su moral. También a lo más difícil todavía, a la honradez. El público dispuesto al carisma que fractura sus sentimientos. A la buena y con tacto improvisación que tienen tus actos.
El que refunfuña, el que desconfía, el que niega el saludo tan solo tiene un mal día. Ese día volará si sanas tu voluntad. Si tienes esa medicina que cura y reconcilia con tu día.

Dicen que un hombre pretendía arrojar su vida a un muelle. Que de camino fue sorprendido por unos artistas callejeros y que el ánimo subieron como por arte de magia. Dicen también que lo único que arrojo fue unas monedas a los  sombreros. A este hombre le quedaría un bonito recuerdo  en un día gris.
¿Mentira? ¿Cuántas anécdotas quedan en el baúl de la memoria y tan solo son contadas para nuestros adentros? Anécdotas que nunca conoceremos desgraciadamente.




A eso nos arraigamos, a historias que merecen ser contadas con pasión. A historias que no sabes si son verdaderas o falsas pero que te alimentan para seguir en esta hazaña.

Son historias que con un poco de suerte pasaran de un abuelo a un nieto ¡eso sí! sin ser desapercibidas por la luz de la bondad. Historias contadas para un amigo con sol o con lluvia, con una mantita o una toalla; puede que a la luz de la luna ¿cómo no? A la luz que remueve tu inspiración para crear historias de la calle. 



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