Las personas
se adhieren a telas transparentes para protegerse del frío. Tú tienes esa tela,
él la tiene. Son telas más o menos
franqueables en que otros seres traspasan en mayor o menor medida.
Telas invisibles
llenas de sentimientos, emociones, alguna risa o gruñido. Si no estás
alerta alguien traspasa tú frontera o sin embargo eres tú el que decide acariciar
la mano de otra persona !Pero cuidado! no sabes si ese fruto es prohibido o
está ansioso por qué delegues tu tacto.
El tacto que
te permite hablar con un policía, un niño o una señora. El tacto que ayuda a un
público a evadirse. Que emite tus historias a su cerebro y actúa de juez
contigo. Será tu público si no ofendes a su guardián interior o si le ofreces un jugoso fruto para
dedicarle atención o sin embargo si no cambias su emisora tan solo para
incordiar.
La calle de
la alegría regala juego a sus artistas. A sus francotiradores de sonrisas, también
de sorpresas. Enlazando historias fantasiosas a merced de un público exigente y
a la vez frágil.
Un público dispuesto
a una caricia para su moral. También a lo más difícil todavía, a la honradez.
El público dispuesto al carisma que fractura sus sentimientos. A la buena y con
tacto improvisación que tienen tus actos.
El que
refunfuña, el que desconfía, el que niega el saludo tan solo tiene un mal día.
Ese día volará si sanas tu voluntad. Si tienes esa medicina que cura y
reconcilia con tu día.
Dicen que un
hombre pretendía arrojar su vida a un muelle. Que de camino fue sorprendido por
unos artistas callejeros y que el ánimo subieron como por arte de magia. Dicen
también que lo único que arrojo fue unas monedas a los sombreros. A este hombre le quedaría un bonito
recuerdo en un día gris.
¿Mentira?
¿Cuántas anécdotas quedan en el baúl de la memoria y tan solo son contadas para
nuestros adentros? Anécdotas que nunca conoceremos desgraciadamente.
A eso nos
arraigamos, a historias que merecen ser contadas con pasión. A historias que no
sabes si son verdaderas o falsas pero que te alimentan para seguir en esta
hazaña.
Son historias
que con un poco de suerte pasaran de un abuelo a un nieto ¡eso sí! sin ser
desapercibidas por la luz de la bondad. Historias contadas para un amigo con
sol o con lluvia, con una mantita o una toalla; puede que a la luz de la luna ¿cómo
no? A la luz que remueve tu inspiración para crear historias de la calle.


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