Siempre hay
un click para que una persona reaccione. Para que su campo de visión aumente
con un golpe de adrenalina. Puede ser una acción, una frase, una situación significante
o un gesto gentil; pero cuando se produce ese click en una persona determinada
todo lo que se ha querido transmitir se asimila con creces.
Solo se ha
de buscar una manera para que se produzca ese click y si tus intenciones son
sinceras tendrás parte de la carrera ganada. En ocasiones incluso la constancia
es un detonante para que explote el click en la cabeza de tu aliado. En un
momento de esa constancia cobra vida algo maravilloso que te demuestra que nada
ha sido en balde.
Con esta
especie de pulsador se actúa de manera sincera con uno mismo y a la vez somos
egoístas, pues se puede utilizar para recibir mucho más de lo que se da.
Si haces un
click procura que sea afectivo en vez de destructivo, ese que todos necesitamos
en caso de apuros. Mágico, instantáneo como la droga más natural y más pura; que
da dosis extra de vida y que merece ser estudiado con atención. Merece más la
pena la investigación sobre una patraña similar que sobre cualquier arma
destructiva.
Puede que este
factor sorpresa lo estemos empleando a diario sobre personas estimadas y
también que lo estemos utilizando en nuestras profesiones casi sin darnos
cuenta; doctores, jueces, funcionarios, jardineros o artistas; todos somos
capaces de atrevernos con un poco más en nuestras vidas y en las que nos
rodean. Familiares, amigos, conocidos o a quien tengamos cerca.
Por un error
se produce un click y nos dan vuelos, nos cambian la percepción de las cosas,
como si con una barita mágica nos tocaran. No tenemos agradecimientos
suficientes para esa o esas personas que te han proporcionado esa muestra de
afecto. El afecto que te dieron en otro día de tu vida, como el que darás a
otra persona de tu entorno o de otro país…

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