jueves, 4 de junio de 2015

El Click



Siempre hay un click para que una persona reaccione. Para que su campo de visión aumente con un golpe de adrenalina. Puede ser una acción, una frase, una situación significante o un gesto gentil; pero cuando se produce ese click en una persona determinada todo lo que se ha querido transmitir se asimila con creces.

Solo se ha de buscar una manera para que se produzca ese click y si tus intenciones son sinceras tendrás parte de la carrera ganada. En ocasiones incluso la constancia es un detonante para que explote el click en la cabeza de tu aliado. En un momento de esa constancia cobra vida algo maravilloso que te demuestra que nada ha sido en balde.






Con esta especie de pulsador se actúa de manera sincera con uno mismo y a la vez somos egoístas, pues se puede utilizar para recibir mucho más de lo que se da.

Si haces un click procura que sea afectivo en vez de destructivo, ese que todos necesitamos en caso de apuros. Mágico, instantáneo como la droga más natural y más pura; que da dosis extra de vida y que merece ser estudiado con atención. Merece más la pena la investigación sobre una patraña similar que sobre cualquier arma destructiva.

Puede que este factor sorpresa lo estemos empleando a diario sobre personas estimadas y también que lo estemos utilizando en nuestras profesiones casi sin darnos cuenta; doctores, jueces, funcionarios, jardineros o artistas; todos somos capaces de atrevernos con un poco más en nuestras vidas y en las que nos rodean. Familiares, amigos, conocidos o a quien tengamos cerca.


Por un error se produce un click y nos dan vuelos, nos cambian la percepción de las cosas, como si con una barita mágica nos tocaran. No tenemos agradecimientos suficientes para esa o esas personas que te han proporcionado esa muestra de afecto. El afecto que te dieron en otro día de tu vida, como el que darás a otra persona de tu entorno o de otro país… 




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